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24 de jul. 2014

ESTRÉS DES DE PETITS, EFECTES D'UN SISTEMA EDUCATIU

Els efectes del sistema educatiu actual són ben visibles en els nostres infants. He trobat aquest article a la web "Permiso para ser niño". Interessant espai ple d'entrevistes, articles, estudis... 

Bona reflexió!

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En la actualidad, las sobreexigencias van creciendo día a día para los niños y las niñas, ¿cuáles son las consecuencias en su salud mental y bienestar general?

Ya desde 1997, el terapeuta peruano Roberto Lerner alertaba que en los últimos años parecía haber aumentado notablemente el número de niños y adolescentes que mostraban todas las características físicas y psicológicas del estrés. Él describía lo siguiente a partir de lo que observaba en su experiencia, “ocurre que estamos presionando demasiado, de manera desordenada y sin ofrecer colchones que amortigüen los efectos de nuestras exigencias”.

Por el temor de que las fuentes tradicionales de formación e información (escuela y familia), ya no fueran suficientes, se les llevaba a los niños de actividad en actividad con la idea de prepararlos bien para el futuro. Estas actividades estaban organizadas desde fuera y sin permitirles asumir un “ocio creativo” (actividades que vengan desde adentro de ellos mismos), lo que era igualmente importante para el desarrollo emocional e intelectual. Lerner alertaba que frente a ello las instituciones educativas, sintiéndose presionadas comenzaban en forma apresurada a poner en marcha programas sobre exigentes[1].

Esta realidad no ha cambiado, se podría decir que se ha acentuado. El estrés sigue afectando cada vez más a nuestros niños. Diversos estudios acumulados sobre la fisiología del estrés muestran claramente que los circuitos neuronales responsables de la capacidad de afrontar el estrés, que es vital para la sobrevivencia del ser humano, son particularmente maleables (sea en sentido positivo o negativo) durante el periodo fetal y de temprana infancia. Siendo dos factores los que especialmente fortalecen o debilitan esta capacidad:
  • El primero es cuán frecuentemente y con qué duración el bebé y niño ha estado expuesto al estrés, puesto que la frecuente y sostenida activación de los sistemas cerebrales que responden al estrés, debilita su capacidad y genera una mayor vulnerabilidad a un rango de desórdenes físicos y comportamentales en el futuro (depresión, trastorno de ansiedad, alcoholismo, abuso de otras drogas, enfermedades cardiovasculares, diabetes).
  • El segundo factor es que la calidad de las relaciones que establecen los niños con sus cuidadores (padres, maestros) tiene un rol fundamental en la regulación de la producción de la hormona del estrés durante los tempranos años de vida.[2]
Nuevamente, las evidencias sobre desarrollo infantil nos muestran lo sensible de los primeros años de vida y por lo tanto la urgencia de replantear los modelos educativos, poniendo en el centro de ellos las necesidades auténticas de estas etapas. No sólo para darles lo mejor, lo que se merecen, sino porque de no hacerlo estaremos causando un profundo daño físico, mental y psicológico a las generaciones más jóvenes actuales y futuras.


Conocer de cerca las consecuencias de exponer a nuestros hijos e hijas a tratos y exigencias inadecuados para su edad, nos permitirá tomar decisiones informadas sobre su presente. Porque… ¡Para que sean GRANDES, primero debemos dejarlos ser niños!


[1] Lerner, R. (1997) “El estrés de los menores” (págs. 87-88). En “Hijo de mis padres, padre de mis hijos II”. Lima.


[2] National Scientific Council on the Developing Child (2005). Excessive Stress Disrupts the Architecture of the


Developing Brain: Working Paper #3. http://www.developingchild.net

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